1. Elige el sector. Pero hazlo bien. Los requisitos son simples. Ha de ser un sector donde la tendencia de precios sea claramente a la baja por el avance de la tecnología, y donde sea posible, incluso fácil, comprar allende las fronteras, por ejemplo a través de Internet.
  2. Legisla (en toda receta que consista en cargarse algo, acabará antes o después apareciendo la palabra, claro). En este caso, se trata de inflar artificialmente los precios de un mercado a la baja a través de un impuesto absurdo, con un tipo desorbitado. El 30% puede estar bien.
  3. Como bonus, y por si lo anterior no fuese suficiente para que nadie compre nada en tu estúpido país, dale la recaudación del citado impuesto a alguien a quien esa gente le tenga rabia y tirria. Por ejemplo, a una banda de ladrones que lo use para demandar, perseguir e insultar a la gente.

¡Y ya está! ¡Si es que es facilísimo, joder!