No pudo ser
O al menos así habría titulado Marca.
Sea virtual o real, los F² (Football Fridays) están poco a poco convirtiéndose en toda una institución en The Cocktail.
En esta ocasión la cosa dio para formar dos equipos (para completar la cifra, hubo un invitado, que por cierto ya lo ha rajado). Así pues, en las canchas de Padre Claret se iban a enfrentar (tachán) el Equipo Azul contra el Equipo Blanco.
El partido comenzó calmo. Los equipos se tanteaban, como si tuvieran miedo de abrir las hostilidades. Fueron los azules los primeros en adelantarse, para ser enseguida igualados por otro tanto blanco. Pero los problemas no habían hecho más que empezar para los blancos, a los 10 minutos ya contaban con dos cadáveres en su bando: Laura, que lo da todo en cada partido, lo cual es un problema si el de la víspera se celebra en un bar, hubo de ser sustituida para poder tomar un respiro, ofreciéndose para ello un jugador del otro banquillo (la deportividad lo primero). Y parecido ocurrió con nuestro hooligan favorito Jaime, cuya forma física, igual que la selección de los tres leones, ha conocido días mejores, y a quien su propio portero (el que les escribe estas líneas) le cedió los guantes unos minutos.
Merced a esa manifiesta superioridad física, el tiempo restante hasta el descanso fue una avalancha azul, con vertiginosas combinaciones entre Miguel Ángel y Roberto que, con el ocasional apoyo de Macla, Fortes y Dámaris (mención especial para sus incansables ánimos), acabaron por desquiciar a la defensa blanca, que pecó de endeble en este periodo. Los jugadores se fueron a la caseta con 6-2 en el marcador. Uno de esos goles fue, como empieza a mandar la tradición, en propia meta, esta vez gracias a un prodigio de descordinación entre tikitaka Miguel y el que suscribe que dio con el balón en las mallas de una soberbia vaselina con la cabeza: un trámite que había que pasar.
El partido parecía resuelto, pero nada más lejos de la realidad: la segunda parte fue una crónica de la resurrección blanca, empezando desde atrás con una Laura francamente recuperada y convertida en la defensora con más mordiente que ha conocido el equipo de la oliva, hasta un Cuerpo completamente desconocido en su inédita posición atacante, y que dio grandes momentos al juego blanco, recordando al clasicazo Julito Salinas del dream team, pasando cómo no por un Jaime tremendamente solvente en el medio campo y un caracoleante Miguel que volvió loco a los azules. Épica recuperación y nuevo rodillo, esta vez blanco, que sorprendió a los azules, que sólo llevaron el peligro con las tímidas aproximaciones de Macla.
Uno de los momentos más memorables del partido (junto con el agónico final, que no revelaremos aún) tuvo lugar cuando el portero azul Ricardo, emulando a un insigne compatriota, y exasperado por la inoperancia de su propio equipo en la segunda parte, decidió coger el toro por los cuernos e iniciar el mismo la carga, saliendo de su portería con el balón controlado. El portero blanco, por cuya sangre corre también el veneno de los tres palos, y que sabe bien por tanto lo que significa alejarse de Ellos, gritaba desaforadamente: "¡quitádsela, por Dios, que es el portero". Pero Ricardo, cuya categoría con los pies es perfectamente comparable a la rapidez de sus manos, llegó hasta el área rival, y sólo en el último regate perdió la pelota, que quedó suelta y mansa para que la recogiera el portero. Éste, sin embargo, no pudo apartar de su cabeza la imagen que le obsesionaba desde el inicio de la jugada: la portería rival, vacía, solitaria, inerme, vencida. Así pues, con fuerza pero con precisión, el pie derecho del portero colocó una increíble parábola que voló por encima de las cabezas de absolutamente todos los jugadores para acabar en las mallas azules, acercando un pasito más la utópica remontada.
Que, como seguro ya os barruntáis, acabó llegando: con muy poco tiempo por jugar, el 6-6 y el partido definitivamente roto, en un glorioso toma-daca no apto para cardiacos.
Volvió a adelantarse la escuadra azul.
Y una vez más, volvió a empatar la blanca.
Con el tiempo cumplido, último cartucho: increíble jugada de Cuerpo que sienta a dos defensas pero que marra frente a frente con Ricardo, que inicia un veloz contraataque. Y es que, cuando te pones en las manos de la Diosa Fortuna (y un ataque de Cuerpo es una de las cosas más parecidas que conozco), puedes ganar pero puedes perder.
Como un cuchillo a través de mantequilla, Roberto Munitis entró por la derecha casi hasta el córner para colocar un infalible Pase de la Muerte que, en un acto de justicia casi poética tras el severo correctivo recibido en su anterior aventura, hubo de ser el propio Ricardo quien empujara a las mallas para dar la victoria a su equipo.
Sin tiempo para más, 8-7 para los azules, y los jugadores de ambos equipos, jodidos pero contentos, y hermanados en el clásico cántico coctelero: "¡Qué malito estoy! ¡Llevadme a un bar!".





jotaluispb dijo
Gran crónica. Joder parece que hubiera estado viéndolo. Lo de la vaselina de puerta a puerta no sé si creérmelo, investigaremos.
17 Febrero 2007 | 08:52 PM