Tu plomo y mis alas no se volverán a ver
Salà del aula dando un portazo, como siempre que un examen me salÃa tan mal, es decir, como casi siempre. Pero algo no funcionó. Volvà a intentarlo con la puerta del baño, lo cierto es que no necesitaba entrar, pero fue la única puerta que me cogió a mano. Y tampoco sonó como si estuviera enfadado. Me miré al espejo y supe que no lo estaba, y vi lo que no habÃa sido capaz de ver en los últimos años. Que no estaba enfadado porque no me importaba, porque suspender aquel examen no era peor que aprobarlo, porque no sentÃa ni ira ni tristeza sino alivio, porque yo ya habÃa hecho mi parte, y lo que ellos hicieran con la suya me traÃa bastante al fresco. Porque, si bien suspender ese examen ponÃa el sello de "perdidos" a los últimos años de mi vida, con sello o sin él esos años estaban más que sentenciados, y todavÃa podÃan haber sido más si se me hubiera ocurrido aprobar.
Salà del edificio, y llovÃa menos que cuando entré. El campus se veÃa extraño. SeguÃa pareciéndose tan poco como siempre a Mi Sitio, sin embargo ya no me sentÃa fuera de lugar, simplemente estaba de paso por un sitio como otro cualquiera. Si no me tengo que quedar en él, un lugar puede ser todo lo desagradable que quiera.
Pero yo también era diferente, ya. No habÃa sabido ver hasta entonces cuánto habÃa necesitado acabar con aquello, no importaba si bien o mal, la cosa era acabar. No creo que aprobar me hubiera aliviado más que suspender, lo importante era hacer el examen, hacer de una vez ese maldito examen que me estaba volviendo loco y que ya no estaba en la lista de cosas que tenÃa que hacer antes de morirme. No habÃa sabido cuánta rabia habÃa acumulado hasta que ésta habÃa desaparecido, de golpe.
Me acerqué al edificio de la biblioteca, y supe que no lo volverÃa a pisar. Devolvà el último libro, tomé el último café infecto, miré a la última tÃa buena y, cuando me cansé de recrearme en mi silenciosa despedida, me fui. No dije ni adiós ni hasta luego, dije ahà te quedas y, por lo que sé, allà se quedó. No he vuelto por allà para comprobarlo.
Cuando salà a la calle, ya no llovÃa en absoluto, y me pareció que se respiraba mejor. HabÃa mucho ruido, pero coño, en el mundo real hay ruido. A su manera, me gustó. De momento estaba casi igual de perdido fuera del campus que dentro, pero habÃa más ajetreo aquÃ. Este sitio se parecÃa mucho más a mi. Me apañarÃa.
Luego cogà el coche, y el primer semáforo me pilló en rojo. De repente cruzó por delante de mà la profesora que me acababa de examinar y demostrar por cuarta vez consecutiva que soy-un-imbécil-que-no-tiene-ni-puta-idea-de-nada. Años de esperar una ocasión asÃ, y de repente no sentÃa ganas de pisar a tope. Fue entonces cuando supe que todo habÃa terminado.




Mari Carmen Gutierrez de la Ossa dijo
Guau... mira hasta dónde me has hecho llegar, y eso que luego dices que no tienes nada que contar... :-)
11 Enero 2009 | 05:57 PM