Como hay veces que la vida misma no es suficientemente dolorosa, el otro día fui al dentista. No les contaré como fue porque se pareció mucho (demasiado) a las otras veces. Una chica mona que le dice que sí a todo al doctor aunque parezca no enterarse de nada:
Doctor: Prepárame un escachifurciador del 17.
Chica mona: Ahora mismo.
Doctor: No, chica mona, del 17, uno siete.
Y un hijoputa al que todos llaman doctor, que te dice con una sonrisa:
Doctor: Si te molesta un poco me lo dices, ¿eh?
Mientras tú piensas si se lo tendrás que decir si te molesta mucho. Luego da igual, cuando te molesta y se lo tienes que decir no puedes, porque los instrumentos con los que ese cabrón te está destrozando te llenan la boca:
Yo: Doctor, me está jodiendo vivo.
Doctor: ¿Qué? Sí, el de la puerta es mi deportivo.
Pues el caso es que el otro día vi algo que me hizo odiar un poco más al cabrón ese, incluso más que su deportivo. Aunque trato de que no se entere, si hay alguien a quien no te conviene tener cabreado, más aún que a tu novia y a tu madre, es a tu dentista.
Los asientos de la MIR son como la mecedora de tu abuela al lado del sillón de mi dentista. Entre otros miles de millones de trastos que no entiendo (es como una navaja suiza pero que te puedes sentar en ella), tiene un monitor TFT. En el, un windows del año de la tana (no sé si es 95 o 98), y una aplicación siempre abierta. Es un engendro que huele que apesta a Visual Basic + Access y se llama Digora for Windows, donde estamos registradas las víctimas, digo los pacientes, y las radiografías que nos hacen.
Lo maneja con una destreza enorme, va a toda hostia dándole al ratón, o lo que sea que lo sustituya en el maravilloso mundo de los sillones de dentista, yo los clics los oigo por detrás de mi cabeza (a veces me pregunto si dentro). Pero el otro día se descuidó, alguien le llamó y salió de la sala con una operación a medias, y pude ver el aviso. ¡¡Es una versión de demostración de 30 días!! ¡¡Con lo que le pagué por la chapuza, que duró 25 minutos, o como mucho con lo que le paguen otros 2 o 3 imbéciles como yo podría pagar la licencia!! ¡O con lo que vale un retrovisor de su deportivo! Pero no, ¡¡para qué, si así funciona!! Los que pagan las licencias son como los que pagan los impuestos: tontos.
Claro, si pagara las licencias de todo lo que usa sólo tendría un sueldazo de puta madre, en vez de ser asquerosamente rico...

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