Fuimos a llevar el coche de mi novia (en verdad, de su padre) al taller. El pobre tuvo que quedarse allí. Nos recogió su hermana, cuyo estilo de conducción es... digamos más adecuado a las rectas de Montmeló que a las calles de Móstoles. Como no sé rezar, me puse a mirar por la ventana. Y allí estaba ella.

Un día de primavera que estaba jugando con Manuela Malasaña, una niña que mataron los franceses el 2 de mayo de 1808, a Dios se le cayó una estación de Metro. Menos mal que no le dio a nadie.

Desde la estación, la nada.

No recuerdo la fecha, pongamos hace 5 años, que se anunció el proyecto del Metrosur. Gallardón (cuya identificación con Stephen Byerley me parece cada día más evidente, y que será alcalde de Madrid hasta que se muera de viejo, si es que lo hace) busca votos en el sur. Pues qué bien, todos sabemos que esto es un mercado, pues que haga su puja.

Algún tiempo después, sale el proyecto definitivo, al estilo Eurovisión:

  • Alcorcón, five points (incluyendo la de linea 10)
  • Leganés, six points
  • Getafe, eight points (claramente favorecida por su forma alargada)
  • Parla, one point (por cierto, el alcalde de Parla, que pretendía que pasara por toda Parla, como en las otras ciudades, dijo que para una, y encima alejada del centro, que se la metieran por el culo)
  • Fuenlabrada, five points
  • Móstoles, four points

En éstas que el alcalde de Móstoles (por cierto residente en Las Rozas) dice que qué cojones es esto, siendo Móstoles la más grande de las ciudades del sur iba a ser la que menos cacho pillara. No se puede decir que a nadie le extrañara ver a ese pieza defender con tanto vigor los intereses de la ciudad, pero pronto se aclararía el misterio. Pues nada, que el tío se encabezona, monta movilizaciones ciudadanas y todo el Cristo y al final, sabe Dios por qué (probablemente lo sepa mejor el Diablo), Gallardón da su brazo a torcer: habrá quinta estación para Móstoles.

¿Y dónde fue a parar esa estación? Lo habéis adivinado desde el principio: a donde Cristo perdió las sandalias. En medio del campo. No se puede llegar ni en coche ni en bus, sólo a patita, ya que la vía asfaltada más cercana está a unos (calculo) 600 metros. Obviamente, la estación está rodeada por terrenos urbanizables recién sacaditos del horno. Con dos cojones, pa qué disimulos. De quién sean los terrenos es casi lo de menos, porque lo que está claro es que son de alguien, y míos no.

De día he visto bajarse a veces a alguna persona, que supongo que viviría relativamente cerca de la estación, es decir, lejos de cualquier otra cosa. De noche, a nadie. Mido 1'80 y peso 100 kilos, y a mí me daría miedo.

Los que no seáis de Madrid igual no os hacéis idea de la situación, Móstoles es una ciudad con unos 200.000 habitantes, más grande que la mayoría de las capitales de provincia. Exagerando un poco (vale, algo más de un poco) se podría decir que casi da para su propio Metro, con lo que os podéis imaginar que hay un huevo de zonas y barrios que el Metrosur ni lo han olido. Que tampoco pasa nada, llevan 20 años así, pero coño, ¡que estamos hablando de una estación de Metro en medio de un sembrado!

Como era de esperar, están empezando a construirse unos chaletazos de cagarse, aunque no inmediatamente contiguos a la estación (supongo que, como los niños, dejan lo mejor del pastel para el final). Sólo falta encontrar gente lo suficientemente gilipollas como para gastarse 80 o 100 kilos por una vivienda en Empanadilla Town. Sin problema, en este país hay gente lo suficientemente gilipollas para casi cualquier cosa.