Esta entrada la escribí originalmente el 4 de septiembre de 2004, día en que al parecer me levanté con el pie izquierdo y a las seis de la tarde seguía con el cable cruzado. O eso, o que estuve grabando CD's.
Tras los magníficos resultados que está dando el canon de los ladrones de la SGAE en la compensación de los daños que la piratería [1] provoca, el Gobierno se plantea adaptar esta Solución Mágica (tm) para que sirva en la lucha contra otras lacras de esta sociedad, informa Radio Macuto.
El principio es simple: un determinado porcentaje de los CD-R que se venden será dedicado a una actividad fraudulenta. Como a priori es imposible saber qué CD-R's se dedicarán a esa actividad, y qué CD-R's no, la solución es gravarlos todos con una cantidad que, multiplicada por la cantidad vendida, resulte equivalente a esas etéreas pérdidas por piratería. La sencillez no está reñida con la genialidad. Y si por el camino, campañita por aquí, estadística por allá, consigues inflar esa proporción hasta hacer creer que el único uso posible de esos CD-R's es esa actividad fraudulenta, maximizando por tanto el canon (ya salió la palabrita), es que Einstein, a tu lado, era un border-line de esos.
Pues bien, según declaraciones del ministro, el primer bien de consumo afectado por ese canon de peligrosidad será, como supongo os venís barruntando desde el título, el cuchillo.
Veréis, por sorprendente que parezca, hay gente que mata a otra gente. Y aunque os sorprenda aún más, alguna de esa gente usa cuchillos para ello. De hecho, según un reciente estudio de la prestigiosa Universidad de Matalascañas, el pan, si es del día, se puede cortar con la mano, de donde se deduce inevitablemente que el único uso razonable de un cuchillo es el asesinato. De cajón, amigos.
Así pues, como el cuchillo puede usarse para asesinar, la compra del mismo se gravará con un canon que contribuya a compensar el daño que provoca la existencia del cuchillo a la sociedad. Aquí se plantea un problema: si el daño que hace la piratería es económico y cuantificable en duros, todos sabemos que la vida humana no es valorable económicamente. Pero no es esta la clase de problemas que desanimaría a nuestros intrépidos legisladores. Porque, ¿cómo paga el valor de una vida humana un asesino? Pues también de cajón, amigos: con cárcel.
De este modo, cuando un particular adquiera un cuchillo, deberá pagar el canon, que no será otro que un número determinado de meses de cárcel. Este número será, en consonancia con el principio de discriminación positiva (vamos, que sí discriminan), de 2 para las mujeres y 4 para los hombres. Si la medida tiene éxito, se plantea su ampliación a vehículos de motor, especies vegetales, herramientas agrícolas y materiales de construcción. La ministra de Vivienda ha puesto el grito en el cielo ante esto último. 'Aunque bien pensado, la cárcel es una solución habitacional de primera, ¿no?', declaró.
[1] Todos sabemos que el derecho de copia privada es sólo la excusa legal del canon, que el objetivo real de este es la compensación del daño que les causa la piratería, obviando que el auge de ésta viene directamente provocado por su pésima gestión e inmovilismo.
Esta noticia es ficción. Cualquier parecido con la realidad es puramente intencionado y fruto de un arranque de mala leche.

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